Pasaje hacia una nueva mirada por Chantal Dumont

El espejo de las relaciones
Teniendo ahora en cuenta esta nueva mirada,
podéis empezar a considerar que todas las personas
que encontráis en vuestro campo de experiencias son
los espejos de una actitud que ya existe en vosotros.
En verdad no existe separación; cuando vais más allá
de la visión de la dualidad creada por el juego de la
luz pasando a través del cuerpo que, como habéis
comprendido, es sólo una ilusión óptica, toda dualidad
cesa.
Por tanto, a partir de tomar el punto de vista del
amor, la separación no existe y el otro es siempre el
espejo de una de las facetas de la divinidad, de QUIÉNES
SOIS.
Reconociendo el espejo del otro, dejaréis de juzgarlo
y empezaréis a ver la maravillosa enseñanza que os
ofrece para el reconocimiento de QUIÉNES SOIS y para
vuestra liberación.
¿Cómo puedo aceptar, me diréis, que ese otro que me

juzga o que no está de acuerdo conmigo, pueda ser mi
espejo? ¿O cómo puede ser que esos que luchan y matan
sean mis espejos?
Pues bien, sólo preguntaros si todavía os juzgáis o
si seguís luchando contra vosotros mismos. Si una parte
de vosotros no está de acuerdo con vuestra divinidad,
reaccionaréis ante esos espejos. Lo que parece difícil
es reconocer que os juzgáis y que, perpetuando los
conflictos dentro de vosotros, sois también responsables
de estas mismas creaciones de guerras en vuestro entorno
y en vuestra sociedad.
Cuanto más reconozcáis la exactitud del espejo que
es el otro, más podréis reconocer de inmediato las partes
de vuestro ser que aún no han recibido vuestro amor.
Tomemos un ejemplo:
Imaginemos a una joven que está siempre en
conflicto con su madre. Cada vez que abre la boca,
su madre le dice lo que debe hacer y le reprocha el no
escuchar sus consejos.
¿Qué es lo que tiene que reconocer?
En primer lugar, se puede preguntar si no hay una
voz en ella misma que cada vez que formula su opinión,
le aconseja y reprocha. En general, el ser humano está
confrontado a esa dualidad entre su cerebro derecho
y su cerebro izquierdo, entre su espíritu racional y
su intuición. En el caso de esta persona, la madre es el
espejo de esa dualidad en ella misma.
En efecto, esta joven posee una intuición que le da
consejos para su bienestar, y sistemáticamente la voz de
la razón le dice que está equivocada, dudando de ella y le
reprocha entonces el no escuchar.

Todas las actitudes que mantenéis hacia vosotros
mismos os son reflejadas en el mundo visible a través
de vuestro entorno y de vuestras relaciones.
Así pues, para reconocer el significado de los
espejos, es necesario proceder por etapas:
1. Reconocer cuál es la actitud del otro hacia mí.
Caracterizarla (me juzga, es agresiva y siempre
me da consejos reprochándome el no estar a la
escucha).
Para reconocer la verdad sin deformarla hace falta
estar realmente a la escucha de lo que os dice el otro y
sólo observar su actitud, como si tuvierais que describirla
a una persona que nunca la ha visto. Contentaros con
describirla sin juzgarla ni añadir vuestros comentarios
sobre esa actitud, para no deformar el espejo.
2. Preguntarse qué parte de vosotros está reflejada
en ese espejo y qué actitud similar manifestáis
hacia vosotros mismos.
Puede ser que al principio os digáis que no sois así
hacia vosotros mismos, ya que estáis convencidos de
respetaros. Tomad entonces un momento de calma; quizás
no encontréis la respuesta en la superficie, sino en las
profundidades de vuestro ser.
Si no reconocéis esta actitud a la que reaccionáis y
que no os deja indiferente en el otro, sin duda la habéis
escondido en las profundidades de vuestro inconsciente y
quizás rechazáis verla.
Una cosa es segura, si una actitud os hace reaccionar

y la juzgáis, todavía la lleváis en alguna parte de
vosotros. Sed sinceros con vosotros mismos, ya que
no podéis liberaros a menos que os volváis totalmente
auténticos.
3. Cuando hayáis reconocido de qué forma os
comportáis hacia vosotros mismos, habiéndolo
reconocido a través del espejo del otro,
preguntaros en qué circunstancias manifestáis esa
misma actitud y hacia qué tipos de personas o de
acontecimientos.
Cuando un acontecimiento se presente, tomad
conciencia de que no sois eso, sino que funcionáis por
costumbre y en ese momento elegid cambiar de actitud.
Si la persona que es vuestro espejo está abierta
a vuestra transformación, reforzaréis el proceso de
liberación de vuestra actitud, al expresarle verbalmente
vuestro reconocimiento.
Por ejemplo la joven dirá a su madre:
“Reconozco que eres el espejo de una actitud que
tengo conmigo misma. En efecto, no estoy a la escucha
de mis propios consejos y no dejo de reprochármelo.
Eres el espejo de mis reproches, acepto este espejo y te lo
agradezco”.
Es muy importante terminar siempre este
reconocimiento con la frase “Te acepto tal como eres”,
así, por una parte os liberáis de vuestra propia actitud
negativa y por otra permitís al otro aceptarse tal como es.
Os sorprenderéis al constatar que cambiando esta actitud
en vosotros, el otro también se transforma, y esto se
produce de manera inmediata.
Se trata realmente de un espejo, si cambiáis de

peinado delante de un espejo, la imagen del espejo no
puede reflejar el antiguo peinado.
Recordad por tanto estas tres etapas:
1. Reconocer el espejo de una actitud.
2. Reconocer vuestra propia actitud reflejada “Soy
así hacia mí mismo”.
3. Aceptar este espejo y mediante esta aceptación,
reconocer que estáis libres, liberados.
Vayamos ahora un poco más lejos. Si el otro es un
espejo de una actitud mía, yo soy igualmente un espejo
para el otro. Si los dos somos un espejo el uno para el
otro, entonces no somos dos seres separados, sino un
único ser que se mira al espejo.
En efecto amigos míos, he aquí la nueva conciencia
que ahora podéis encontrar, pues en verdad es una sola
Conciencia que se ha encarnado en miles de formas
diferentes.
Cuando empecéis a reconocer esto, podréis pasar a la
cuarta etapa y decirle a vuestro espejo:
“En verdad yo soy tú y tú eres yo, en verdad somos
Uno”.
Esta experiencia de la unidad es lo que llamáis: la
fusión.
Cuando os fusionáis con alguien y os sentís como
una sola presencia, tenéis la experiencia más elevada en
vuestro plano de existencia. Por ahora, sólo un número
muy pequeño de seres están en ese estado de Espíritu de
manera permanente. Ahí, sois el maestro, habéis recorrido
los siete niveles de conciencia accesibles en el mundo de
la materia.
Por tanto, reconocer al otro como espejo vuestro os
ejercita a estar en esta nueva percepción: la de la unidad.
Daros cuenta de cuáles son vuestras reacciones frente
a ciertas personas; habrá actitudes que, inicialmente, no
aceptaréis reconocer como vuestras. Entonces, en lugar
de pelear, tomaros vuestra rebelión como un maestro de
la Aceptación incondicional. Así se llevará a cabo la desidentificación
de vuestro Ego ilusorio.
Aceptando vuestras reacciones, podréis
conscientemente desprenderos de vuestra personalidad y
entrar en la mirada del amor.
En ese momento, cambiando conscientemente de
punto de vista, observaréis que cuando aceptáis el ego,
éste deja de rebelarse.
Éste es el punto de inflexión de vuestro cambio de
posición y de vuestro cambio de conciencia. Poco a poco,
al reconocer los dos mundos, el mundo de los juicios y de
las reacciones impulsivas, y el mundo del amor silencioso
que sonríe, podréis dejar el viejo mundo en el que os
sentíais víctimas de vuestras reacciones cada vez más
a menudo, y por tanto de las reacciones de los espejos
que os rodean, y os sentiréis cada vez más libres de
permanecer en el mundo del amor mediante la elección
consciente y sin esfuerzo.
Reconocer el espejo de los otros es de una
inmensa eficacia en este proceso de liberación, ya que
reconociendo que el otro sois vosotros, dejaréis de juzgar
y criticar, y en cambio os preguntaréis:
“¿Por qué razón sigo reaccionando ante el espejo
de la agresividad, o ante el de la tristeza, o ante el de la
injusticia…?”
Cualquiera que sea el espejo que encontréis, podréis
ver las partes de vosotros mismos que requieren ser amadas y, por tanto, podréis actuar.

Sabed que si una actitud, sea cual esa, no existe en vosotros, no os hará reaccionar.

¿Creéis que Jesús reaccionaba ante los leprosos que
se acercaban a él? Claro que no, porque era puro Amor,
pura luz. Todos los que reaccionan ante la enfermedad
o ante cualquier desarmonía demuestran por medio de
sus reacciones que llevan eso en alguna parte de ellos
mismos.
La mayor parte del tiempo tienen en ellos el miedo
a convertirse, ellos también, en lo mismo. El miedo,
amigos míos, es la ignorancia del poder absoluto del
Amor; siempre os empuja hacia las experiencias que más
teméis a fin de que podáis sanar vuestra ignorancia por la
fuerza de vuestro amor.
Aquél que ya no es una víctima, o que se ha
convertido en su propio dueño, está libre de miedos, pues
sabe que nada puede destruir su Esencia, de la misma
forma que nada puede impedirle al sol brillar. Cuando
estáis libres del miedo, volvéis a estar en la omnipotencia
del sol que es vuestra verdadera Esencia. Entonces, en
vuestra vida cotidiana realizaréis milagros y curaréis
enfermos con vuestro amor.
Sin embargo, es necesario que primero os curéis
vosotros mismos. Por eso es útil reconocer la enseñanza
de los espejos que atraéis hacia vosotros.
Los espejos no sólo son las personas que encontráis,
sino también los acontecimientos, así como los mensajes
de vuestro cuerpo, porque también el cuerpo es el espejo
fiel de vuestra actitud hacia vosotros mismos.
Por tanto, tomad la costumbre de estar a la escucha,
de observar atentamente todo lo que os ocurre, no como una casualidad ajena a vosotros, sino como un espejo de lo que pasa en vosotros.

en  www.correodelram.com

 

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2 respuestas a Pasaje hacia una nueva mirada por Chantal Dumont

  1. Sonia Maria Garcia Ramirez dijo:

    Excelente aporte ayuda mucho en COMO nos convertimos en el observador y a ver la realidad como la proyeccion de nuestra propia mente en la unidad del todo en el todo. Sonia Garcia R Estudiante de la Gran Obra Colombia Conectado por MOTOBLUR™

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