Como Dios se Hizo Dios/ Daniel Meurois

Dios del Sol

Subamos ahora aún más en la vertical… Es sencillo,
basta seguir el hilo director que acabamos de lanzar hacia
todas las formas de soles. Prolonguemos nuestra mirada
más allá del y de los dioses planetarios. Miremos detrás
del velo de ese Invisible que mantiene directamente la
coherencia de vuestro mundo inmediato.
Aquí existe otro velo por descubrir y por levantar.
Es una cortina de luz que, contrariamente a lo que se
cree, no ignora, no rechaza ni desprecia las bellezas del
precedente. Una cortina cuya continuidad es evidente y
no lo contrario. Si hasta aquí habéis podido conciliar en
vosotros la maravillosa unidad del Singular y del Plural
es porque, ahora ya, su reflejo actúa en vosotros.
Hablábamos de la Libertad y de su principio
depositado como fermento en el seno de toda forma de
vida, desde la más aparentemente insignificante hasta la
más inconmensurable. Hablábamos de esa Fuerza que
ofrece a cada una de ellas la posibilidad de progresar
hacia el estado de sol. El sol de una célula, y después de
un órgano. El sol de un cuerpo: su corazón. El sol que
motiva un agrupamiento de hombres y de mujeres: un
sabio. El sol iluminando también el camino de algunos
sabios: un Maestro de Sabiduría. Y, finalmente, el sol
de los Maestros ascendidos: el del estado de Cristo o de
Buda…
Hemos dicho “finalmente” solo para detener el
vértigo, para efectuar una pausa en el mecanismo de
comprensión. Peldaño a peldaño, es así como hay
que avanzar… Anclar bien las raíces del Árbol antes
de querer desplegar la totalidad de sus ramas y las
ramificaciones de estas.
El hombre-espina


Imaginad… Imaginad ahora que, a lo largo de los
Tiempos, el corazón de un hombre se ha colmado de sol
hasta el punto de no poder hacer otra cosa que salir del
rango de sus semejantes… Imaginad también que se ha
llenado tanto de sol que se ha convertido inevitablemente
en un astro centelleante incluso para todos aquellos que,
desde hace tiempo, han comenzado a iluminarse. ¿Qué
ocurre con ese hombre? ¿Es venerado en vida por las
multitudes?
Sabéis bien que no, porque su diferencia asusta.
Deslumbra. Hiere los ojos de los que todavía viven en la
sombra de la conciencia en hibernación. Es una espina
en el talón de la “humanidad animal”, una astilla que
hay que expulsar urgentemente. Se hace de él, o bien
un demonio venido para perturbar los corazones, o bien
una divinidad a la que hay que dedicar un culto. A menos
que se le convierta en el profeta de un modelo de vida
petrificada, es decir, que se le reduzca…
La verdad es que un hombre así no tiene un lugar
real en el mundo en el que ha nacido. Como Maestro de
Sabiduría lo sabe, pero al encarnarse ha elegido trasladar
hacia la humanidad, cueste lo que cueste, un destello
de ese Sol mayor que ha sabido captar y que ha hecho
expandir el suyo.
Sol vehiculando a otro sol, él se presenta entonces como un mensajero divino ante los que le escuchan. como un Puesto que es sol, la ley universal de las analogías hace que se instale rápidamente y de forma natural a su alrededor un sistema de planetas: sus discípulos. Tantas sensibilidades diversas y por tanto órbitas diferentes.

Llevemos más lejos la comparación. Después de
la partida de un hombre así, cada uno de sus discípulos
se encuentra, a su vez, siendo una fuente de luz. Sin
embargo, todavía todos ellos son solo un reflejo de
esta. No arrastrarán planetas a su alrededor sino que
engendrarán especies de lunas, como reflejos de un
reflejo…
Por tanto, ¿comprendéis?, el viajero del Espíritu,
aquel que se plantea las verdaderas preguntas, es un poco
comparable al viajero interestelar. Puede interesarse por
las lunas, por los planetas y por la multitud de cuerpos
celestes, pero lo que le habita es la alegre nostalgia del
Sol Original.

Llevemos más lejos la comparación. Después de
la partida de un hombre así, cada uno de sus discípulos
se encuentra, a su vez, siendo una fuente de luz. Sin
embargo, todavía todos ellos son solo un reflejo de
esta. No arrastrarán planetas a su alrededor sino que
engendrarán especies de lunas, como reflejos de un
reflejo…

El papel del Avatar

portador de otro Sol más intenso que el suyo…
Las Tradiciones lo llaman Avatar —lo que significa
encarnación del Divino— porque está habitado por una
Fuerza que proviene del Sol. Ese Avatar se convierte
entonces en “Cristo”1 porque vehicula una onda de
purificación y de bendición adaptada al mundo en el que
ha elegido encarnarse.
Como pocos de vosotros han llegado a comprenderlo,
hay que establecer una clara distinción entre, por
ejemplo, el Maestro Jesús y el Cristo. El Maestro de

Sabiduría llamado Jesús fue, de hecho, un Avatar cuya
misión fue la de ser “investido” durante unos años por la
Presencia solar del Cristo.

1( Es decir, “bendecido”, “ungido” por el Divino. No hay que
comprender aquí este término en el contexto del cristianismo.
Fuera de nuestro contexto histórico, puede haber infinidad de otros
cristos…)

Cuando se comprende la naturaleza sutil de tal
investidura, se puede captar mejor el sentido de algunas
de sus palabras. El “Yo” que salía de sus labios no era el
de un hombre de la Tierra, aunque fuese el más realizado
de todos ellos.
Era pronunciado por la Conciencia de la mayor
fuente de Luz que existe en el sistema solar al que
pertenecéis, la del Cristo.
Del Cristo no-reducido a una religión o a una
fe en particular, del Cristo como Principio divino
manifestándose bajo diferentes nombres, en todas las
latitudes de vuestro mundo y emplazando a una elevación
de la conciencia.
¿Comprendes? ¿Comprendéis? Haced una pausa en
vosotros mismos para integrar bien la naturaleza de tal
fenómeno y sus consecuencias.
La investidura se puede comparar un poco con
una incorporación última y eminentemente sagrada.
Puedes estar seguro de que no decimos “sagrada” por
convencionalismo, sino porque pertenece a la esencia de
la Luz más pura, aquella frente a la cual solo podemos

inclinarnos espontáneamente.
A ojos de los “Servidores de los Ángeles del Señor”,
lo sagrado no implica religiosidad. Forma parte integrante
de lo que la Vida tiene de fundamentalmente noble,
misterioso y bello. Traduce el milagro permanente de la
Creación.

El “Yo” fusional
Volvamos a la enseñanza del Avatar… El “Yo” que
pronuncian sus labios es ante todo un aliento que sale
de su pecho. Los hombres de la Tierra lo comprenden, o
bien como la afirmación personal que emana de un ser
“iluminado” en el sentido peyorativo del término, o bien
como la marca de un estado de divinidad exclusivo y
final.
Nada de todo eso es exacto…
El “Yo” del Avatar es la señal de la identificación y
de la fusión con el Divino tal como se Le puede concebir
actualmente. El “Yo” último no existe. Su Idea se crea, se
transforma y se recrea de nuevo, y así hasta el infinito.
Todo “Yo” que se diga a sí mismo final, solo sabría
ser un “mí-yo” sutilmente disimulado. Sí, el Avatar es
un ser que ha llegado a un grado de fusión de conciencia
excepcional con el Principio solar que rige el sistema
planetario al que su mundo pertenece.
Vuestra Tierra, podéis estar seguros, ya ha dado a luz
a numerosos Avatares. Les llamamos hijos del Sol… y
el hecho es que el aspecto “filial” del Divino es el único
que puede manifestarse en la densidad de la materia a
través de la encarnación. Sea la “segunda Persona” de
la Trinidad cristiana, Visnú, o el “segundo Principio” de
la Trimurti hindú, procede de la misma gran verdad sin
edad. Visnú, el Hijo, tiene el Sol por morada.
Se le identifique como Rama, como Krishna, Osiris,
Jesús o como Quetzalcóatl, no cambia nada. Se trata de la
misma Fuerza que viene, de edad en edad, a decir lo que
tiene que decir.

La identidad del Sol
¿Cuál es entonces la identidad de ese Sol, de
ese Cristo o, si preferís, de ese Buda que visita
periódicamente este mundo? ¿Qué se puede decir de un
Fuego que aspira todo hacia Él, desde el átomo hasta el
Maestro de Sabiduría pasando por la célula, el órgano, y
por todas las manifestaciones del alma y las mil formas
del Divino que rebosan en la Naturaleza? ¿Podemos
penetrar su misterio? ¿Es Él, Dios?
Podríamos desde luego detenernos aquí, en su
irradiación cegadora tanto física como simbólicamente.
Esto podría bastar… Y es lo que hacen la inmensa
mayoría de los que se dicen creyentes… Pero nuestro
propósito aquí no es el de dirigirnos a los “creyentes”.
Tenemos por misión enseñar a los amantes de la Vida,
a los que siempre quieren ir más lejos, a aquellos para
quienes pararse en un punto de seguridad intelectual
representa trazar nuevas fronteras y marcar el
inicio de un sueño insidioso. Creer no basta. Vivir y
crecer, es explorar para intentar comprender y seguir
comprendiendo aún más…
¿Qué es entonces el Sol? ¿De qué está hecho y de
dónde viene?
Dejemos de lado todas las consideraciones
cosmológicas. Es la esencia del Sol la que nos interesa,
su identidad profunda como Conciencia. Hablemos de
ello lo más claramente posible teniendo en cuenta que
estamos limitados por un vocabulario aproximativo.
Los conceptos que intentamos abordar todavía no existen en la Tierra. Estamos por tanto obligados a esquematizar…

La Conciencia del Sol, su realidad como Ser y
no como objeto celeste, es el resultado de una fusión.
Hablamos de un estado de transmutación tan particular y
a tan alto grado que nadie podría hacerse una idea exacta.
Se trata de la fusión, en una única Fuerza, de los
Maestros de Sabiduría que han alcanzado los niveles
más altos de realización de su mundo durante la ola de
Creación anterior a la nuestra.
Cada uno de esos Maestros era originario de un
planeta que pertenecía a un sistema que gravitaba
alrededor de un sol central. Era el Ser más ascendido que
hubo jamás en aquel planeta. En términos de analogía,
fue su Krishna, o su Buda o también su Jesús, por citar
solo algunos nombres simbólicos…
Como Maestros de Sabiduría plenamente realizados
y perfectos para la clase de mundo en el que se habían
desarrollado y actuado, habían llegado al final de su
evolución…
Esta es la razón por la que fueron llamados a pasar

a otro grado de perfección, a una fase que debemos
calificar de fusional, a falta de un término más adecuado.
Seres análogos a Jesús o al Buda Gautama
“unieron” así su conciencia de dos en dos, después de
cuatro en cuatro hasta que sus Presencias de tipo solar
formaran solo una: un Sol completo, un astro que tiene a
su cargo un conjunto de planetas para la ola de Creación
por llegar.
Integra esto… Digiérelo en tu corazón antes de ir más
lejos. Tómate un tiempo de asimilación tal como hace el
Divino entre dos fases de Creación.
Inspira para hacer volver en ti los materiales de lo
que ha existido y que te hará crecer. Practica el ejercicio

del Divino acogiendo y a continuación absorbiendo
completamente el sentido de la experiencia elaborada por
el Viviente.
La fusión solar
Y también… trata de comprender el principio del
Matrimonio o Fusión solar. Este está en el centro absoluto
de todo lo que tenemos que entregarte. En la infinidad de
sus desarrollos imaginables e… inimaginables, él es la
clave. Este Matrimonio constituye la afirmación última
del Amor, hasta donde somos capaces de concebirlo.
¿Cómo pueden dos conciencias plenamente
realizadas, es decir, cuyas dimensiones, de la más densa
a la más sutil, están alineadas, fusionarse hasta formar
solo una? Solo el Ser que experimenta directamente este
misterio puede dar testimonio de ello…
¡Pero no vayamos demasiado rápido! Hay que

conocer todos los engranajes de este mecanismo
sagrado… No son las almas de los más grandes Maestros
ascendidos las que se unen de este modo en esas Bodas
cósmicas tan particulares.
Son sus espíritus, es decir, su realidad original
andrógina. Cada uno de estos grandes Realizados,
soles de su planeta, habrá tenido que reunir en él sus
polaridades masculina y femenina.
En realidad, ningún ser puede alcanzar plenamente
la Liberación que una Ascensión constituye, sin haber
pasado por las nupcias consigo mismo. El pasaje
es obligatorio porque es lógico y es lógico porque
corresponde a la abolición de la dualidad en uno mismo.
Cuando el Uno y el Dos se unen en la materia, llaman
a la manifestación del Tres… pero cuando llegan a

fusionarse en los niveles más elevados del ser, ya evocan
la imagen que prefigura el Doce solar ideal.
Sí, en el tipo de esquema evolutivo inscrito en
nosotros, el espíritu andrógino busca expandirse hasta
encontrar una forma de realización que le conducirá a la
perfección del Doce.
Ahora escucha esto: En la Ola de Creación que
precedió a la nuestra, fueron los ocho más grandes
Maestros ascendidos provenientes de ocho planetas
vibratoriamente cercanos los que se unieron para
generar el sol que hoy nos reúne.
Si a su vez este sol tiene a su alrededor los nueve
planetas que le conocemos actualmente, es para
contribuir a la expansión inevitable de la Vida hacia la
perfección del doce. A partir de esto, puedes concebir
que los nueve Maestros más realizados de estos nueve
planetas, serán llevados un “día” del Gran Calendario
celeste a hacer que su espíritu se fusione para hacer nacer
otro núcleo solar destinado a otro universo.
No es tan complejo… Solo hace falta empujar
lentamente las puertas para que la vastedad de los nuevos
horizontes no se vuelva sobrecogedora.
El Espíritu de un planeta
Pero mientras un Matrimonio cósmico tan elevado como este se produce, ¿qué ocurre con los otros Maestros realizados de un planeta que no figuran en el rango de los que se fusionan, es decir, en el rango de los ocho o de los nueve, por ejemplo? También ellos están destinados a vivir una unión cósmica de una intensidad totalmente especial. Tienen la posibilidad de fusionar sus espíritus

con el fin de permitir la emergencia de lo que será el sol
interior de un planeta en una próxima Ola de Creación.
Sí, todo planeta posee su sol central. Es su fuego
sagrado, su corazón palpitante, su fuerza de cohesión. Es
tan vital como pueda serlo el núcleo de una célula en el
interior de esta.
Lo que hay que comprender bien, sobre todo, es
que es el guardián de sus memorias, es decir, de la suma
incalculable de experiencias vividas globalmente por las
formas de vida que los Maestros ascendidos que le han
hecho nacer, han llevado con ellos a partir de la última
Ola de Creación de la que proceden.
En términos pertenecientes a la actual civilización
terrestre, podríamos afirmar que este núcleo solar
representa el “base de datos central” del fenomenal
ordenador que constituye el universo de un planeta y de
todas las expresiones de vida que en él se desarrollan a lo

largo de los Tiempos.
El sol interior de un planeta reviste pues una
importancia esencial. Su memoria es su dinamizador.
En efecto, una memoria solo tiene razón de ser si
se inscribe dentro de un plan evolutivo. Toda noción de
“pasado”, aunque esta sea relativa dentro de un tiempo
ilusorio, está necesariamente ligada a la de un porvenir.
El sol interno de un planeta como la Tierra, por
ejemplo, contiene en sí el programa de los mundos que
son llamados a desarrollarse en él. Esto significa que el
núcleo que representa condensa en su centro una multitud
de semillas cuyo plan conjunto corresponde a un proyecto
de vida específico.
Por otro lado, sabed que su fuerza le conduce a
intentar absorber constantemente los golpes que las
humanidades que se desarrollan en su superficie no dejan

de infligirle. Se trata aquí de todas las formas de polución
posibles, de las cuales la más terrible es sin duda la de
naturaleza psíquica.
Así, uno de los cometidos del sol central de un
planeta es, por puro amor, el de intentar absorber, edad
tras edad, la masa de densidades psíquicas colectivas
generada por la sucesión de civilizaciones que en él
se manifiestan. Por consiguiente, juega el papel de
regulador del karma colectivo de los pueblos… hasta
llegar a veces a la saturación.
La liberación de los karmas colectivos
Cuando se comprende la importancia de este Fuego
de Vida, o más bien de esta Conciencia de Compasión,

se está preparado para empezar a comprender por qué se
dice que en la hora de la Crucifixión el Cristo “descendió
a los Infiernos”. Esta noción representa simplemente
la distorsión y la infantilización de un acontecimiento
mayor.
De hecho, al abandonar el cuerpo del Maestro
Jesús en la cruz, la Conciencia del Cristo —la del Sol
de nuestro sistema planetario— tuvo la misión de ir a
descargar al Sol interior de la Tierra del exceso de karma
colectivo de las humanidades que había llevado.
De forma análoga a lo que ocurre con vuestros
ordenadores, siempre llega un tiempo donde la capacidad
de absorción de la memoria de un planeta llega a la
saturación, imposibilitando cualquier avance.
La obra del Principio crístico, en tanto que Sol
central de un sistema planetario, o, si preferís, su dios,
fue así la de lavar una memoria, desembarazarla de

todos los residuos de sufrimiento que dificultaban su
crecimiento y le impedían aprender “otra cosa”.
Comprende esto: “Lavar los pecados” de una
comunidad es purificar y aligerar su memoria con el fin
de dejar espacio para avanzar hacia una conciencia más
amorosa.
¿No ha llegado el momento de que os
des-infantilicéis respecto al funcionamiento de la Vida y
el sentido del Divino a través de ella?
Pero volvamos al proyecto de la Creación que
concierne a un planeta como la Tierra…No hay que
pensar que la Visión que está en su origen solo busque
permitir el crecimiento, es decir, la elevación de la
conciencia de una forma de vida necesariamente
humanoide. Por una parte, la fase humana tal como la

entendéis hoy solo es transitoria y, por otra parte, solo
representa una simple manifestación del Viviente entre
millones de otras.
A ojos de la Conciencia Suprema hacia la que todos
nos dirigimos, la más ínfima de las expresiones de Vida
está dotada de un potencial absoluto de “divinización”.
Por consiguiente, siendo lo Absoluto la unidad de
medida de la Conciencia última, ninguna forma de vida
tiene verdaderamente prelación sobre otra, aunque
es evidente que algunas están más avanzadas en la
escala de la Evolución. La “primera” no es objeto de
más atenciones que la “última”. La humildad frente a
la inmensidad de lo que Existe no es simplemente el
resultado de una compasión activa, sino la consecuencia
justa de una comprensión clara y lógica del Orden
universal.
El hombre y la mujer cuya imagen ideal lleváis en
vosotros son tan solo uno de los innumerables aspectos

a través de los cuales el Divino se expresa y busca su
propia realización…
Al igual que un núcleo o un sol, traen con ellos el
programa de una perfección para alcanzar, la cual habrá
que sublimar ahora y siempre a través del descubrimiento
de otros contextos de evolución.
¿Creéis que el Sol —llamadle crístico o búdico,
según vuestra sensibilidad— se ha detenido en
su carrera? ¿Creéis que descansa en el seno de su
perfección? No, actúa más que nunca. Avanza hacia un
Infinito del que ni tan siquiera los más grandes Maestros
ascendidos pueden soñar.
No olvidéis esto: Siempre hay otro horizonte detrás
del que se divisa… Asimismo, podéis estar seguros de
que para el Perfecto, siempre existe un Más que Perfecto
cuyos contornos e identidad solo Él puede adivinar.
Sin embargo, ¡que esto no os desanime ni os asuste

en absoluto! Cuando la venda cae, a menudo hay un
instante de desorientación o ceguera… luego la mirada
se acomoda y se habitúa hasta encontrar finalmente sus
nuevas perspectivas.
Si habéis decidido vivir de verdad, sabed que
“demasiado grande” no existe pero que es de
“demasiado pequeño” de lo que morimos.
¿Qué es lo que os da miedo? ¿El hecho de no poder
llegar a memorizar todo lo que os es ofrecido? ¿El
hecho de no comprenderlo en todos sus desarrollos? ¡No
os crispéis! La crispación hace encoger cuando es lo
contrario lo que se os pide.
Dejad más bien madurar… Dejad también pudrirse
en vosotros todo lo que parezca ser una resistencia.
Sois realmente un núcleo y, como tal, tenéis una cáscara

que necesita un poco de tiempo y atención para vivir
su explosión. Ninguna semilla verá jamás el sol sin la
explosión de la frontera que representa el caparazón que
la encierra.
El miedo de las Bodas cósmicas
¿Qué es lo que aún os inquieta? ¿El principio de la
Fusión? ¿Os preguntáis si se pierde la propia conciencia?
Pues no; en realidad, ¡es exactamente lo contrario!
Se gana la conciencia de uno mismo… mientras que
se desintegra la del “mí-yo”. Es exactamente eso…
La pequeña identidad, por muy bella y respetable que
se haya vuelto a lo largo de las encarnaciones y de los
pulidos de la vida, acaba por disolverse de forma natural
bajo la acción del fuego de la Fusión.
Sin embargo, es importante no abordar esto como

una aniquilación de Lo que tiene conciencia de Ser
en nosotros. Más bien hablamos de una maravillosa
expansión de Aquello que hace que seamos nosotros
junto con las galaxias de nuestras experiencias
acumuladas.
Pero, ¿tenéis idea de lo que es una expansión
duradera de la conciencia? Es una sobremultiplicación
de esta. El increíble descubrimiento de su capacidad de
penetrarlo todo, más allá del intelecto más brillante, más
allá de formas concebibles… para entrar, de manera
radical, en un inquebrantable espacio de Paz. A partir
de ahí, aparece una multitud de “campos posibles”
anunciando una perspectiva tan sublime que las más
bellas nostalgias del “mí-yo” pierden todo su sabor.
¿Os acordáis de aquellos libros de imágenes que
os maravillaban de niños? Si los volvieseis a encontrar,

pondríais sobre sus páginas una mirada emocionada pero,
simultáneamente, os sorprendería la ingenuidad y, sin
lugar a dudas también, la simplicidad de los elementos
que, antaño, os llenaban de alegría…
Por tanto, el fenómeno de aspiración hacia arriba,
hacia algo más grande, hasta un estado de fusión solar,
demuestra ser el motor de la búsqueda de la felicidad.
Todo lo que Es, es alimentado por él, como si el
recuerdo del futuro y de su promesa de Bodas cósmicas
estuviera impreso en todo, más allá incluso del universo
atómico.
Es esta especie de percepción íntima y pacificadora
la que todo ser experimenta cuando sobreviene su muerte
física, al menos cuando esta es armoniosa.
Se trata de una comunión trascendental con la esencia

misma de la Vida y que hace que todo se simplifique
hasta el extremo en el instante presente. Ninguna sombra
se opone a la Luz, ningún rencor ni rabia, ni tan siquiera
el recuerdo de un combate por realizar…
Todo lo que no rebosa Gracia y Alegría es
desactivado. La única diferencia está en el hecho de
que el éxtasis que se vive en el momento de la muerte
es pasajero, mientras que la que surge de la unión de un
alma con su exacta polaridad complementaria, o de la
fusión de varios espíritus, es estable y duradera.
Así, la muerte tal como podéis comprenderla y
vivirla, prefigura, a su nivel, las metamorfosis sucesivas
hacia las que necesariamente vais.
¡Todo es muerte y resurrección! ¿Os dais cuenta?
Un sol sólo se ha convertido en sol porque resulta de
más mutaciones que cualquier otra forma de vida en el
“rincón de galaxia” en el que se encuentra.

¿Comprendéis ahora por qué, en el plano arquetipal,
el número 8 está asociado con el Cristo en su descenso
vertical sobre la Tierra y por qué el símbolo del infinito,
tal como podemos captarlo materialmente, no es más que
un 8 tumbado, es decir horizontal?
De su encuentro nace espontáneamente una cruz o
un doble dorje, arquetipos de fuerza y de resurrección,
símbolos finalmente, de una clave suprema.
¿Comprendéis también por qué, en este mismo tipo
de consideración, el 17 (1) está a la vez vinculado con
las Estrellas y con el simbolismo del Grial en todas las
Tradiciones? En el universo de las energías sutiles, el 17
se traduce en un 8; representa un código de acceso, una
clave que conduce a la conciencia solar.
Este conocimiento no tiene que ser almacenado en la
memoria… Tiene que meditarse.
Los nueve Maestros ascendidos más grandes que

surgirán de vuestro sistema solar actual, se unirán
en espíritu al final de la presente Ola de Creación…
inicializando así un Sol para la siguiente… que hará salir
de su seno, no nueve, sino diez planetas, por tanto, diez
Maestros mayores en potencia… y así sucesivamente.
Si la analogía es la ley estable y general del
desarrollo del universo aprehensible, también suscita
al mismo tiempo un movimiento de expansión. Por
consiguiente, lo análogo nunca es del orden de lo
repetitivo.

1( No se trata aquí de cifras, ni de números, como simples
símbolos, sino de la esencia de los números. La cifra pertenece al
ámbito del cuerpo, el número tiene que ver con el alma mientras
que la esencia del número, su arquetipo, el sefirot, está ligado al
espíritu.)

Lo encontrareis en ww.correodelram.com

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Libros Ramtha. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s