Alianza, Mensaje de Venus al pueblo de la Tierra

La Partida

sta noche, sé que se prepara un acontecimiento
importante para mí…
Como cada vez que se produce un contacto de este
tipo, una parte de mí, la más consciente, la más viva, va
a abandonar esta envoltura de carne y huesos que habito
desde hace algunos años y con la cual intento convivir
lo mejor posible… Esta vez sin embargo, la sensación es
diferente, más consistente, más “física”.
Unas masas densas me atraviesan a una velocidad
inimaginable, precipitándome en una niebla blanquecina.
Sonidos muy cristalinos, torbellinos de ondas sonoras
me rodean y me envuelven… La extraña sensación de ser
aspirada hacia el ojo de un ciclón… ¡Sí, eso es, al menos tal
como lo imagino, ya que ningún ciclón me ha absorbido
jamás de esta manera, ni de ninguna otra de hecho!
Una profunda calma acompaña esta ascensión, mientras
mis ojos comienzan a percibir unas formas a través de
la niebla que se disipa lentamente.
Para mi gran sorpresa, no se ve nada; un vacío, en el que
sólo estamos dos siluetas y yo situadas a algunos metros
de mí. Experimento en este lugar que parece suspendido

de la “nada”, una paz casi palpable. Es difícil describir
con palabras dicha sensación, pero los sentimientos de

alegría, de no-espera, de perfección, de infinito y de justo
son casi tangibles.
— “¡Hola! Bienvenida a este lugar…”
Una voz de entonación ligeramente femenina, deposita
estas palabras en el centro de mi cabeza.
Apenas fueron pronunciadas, de mi memoria resurgen
recuerdos muy antiguos: su peculiar entonación despierta
en mí lo que los Esenios tenían por costumbre nombrar
“la voz de leche”, utilizada por los más hábiles de sus terapeutas.
Esa voz de matices extraños y modulados que,
como la leche y la miel, fluye para curar heridas, regenerar
las almas, apaciguar o dinamizar, según las necesidades.
La voz continua, interrumpiendo el curso de mis
reflexiones…
—“Estás en un lugar tan real como lo que conoces en la
Tierra, simplemente de una materia ligeramente distinta,
te vas a dar cuenta muy pronto.
El espacio en el que nos encontramos actualmente es
como una cámara de acceso a lo que veremos juntos más
adelante. Es lo que te da esa extraña sensación de vacío, de
nada, pero no es así.”
El ser calla y los pocos instantes de silencio que siguen
parecen llenos de Vida, de paz.
Otra voz, más masculina ahora, continúa:
—“No somos ni guías ni maestros, porque de ellos
tenéis ya muchos. Desearíamos simplemente poder mostrarte,
a ti y a los que te lean, algo diferente de lo que estáis
habituados en la Tierra… no porque vuestro planeta tenga
un retraso, como se ha dicho a menudo, ni porque seáis
ignorantes, sino porque os encontráis al alba de grandes
mutaciones, que pueden ser el fermento de una extraordinaria
evolución.”
A su vez el ser calla y no deseo hacerle ninguna pregunta,
ni interrumpir con mi mente lo que me parece

esencial en este instante. Aguardo y repentinamente, el
vacío en el cual me sentía se vuelve una matriz ondulante,
viva y coloreada.
Paredes parecidas a un tejido sedoso toman cuerpo.
Si pudiese dar el nombre de un color a este material, diría
gris, un gris claro, con reflejos brillantes, nada triste en
todo ello.
Los dos seres altos y delgados de lo cuales empiezo a
vislumbrar sus rostros, me sonríen.
—“Si aceptas, seremos tus acompañantes para hacerte
redescubrir un universo no tan lejano de la Tierra como
imagináis.”
Esta vez, la voz masculina continúa con suavidad:
—“Acepta simplemente describir lo que ves de un
mundo que podría estar en la Tierra, aún más perfeccionado,
pues vuestro planeta contiene todas las posibilidades.
Como te hemos dicho, no estamos aquí para daros
lecciones. Hasta hoy, son ya muchas las enseñanzas que
habéis recibido.
Nuestro objetivo es mostraros sencillamente que otra
realidad es posible, por poco que queráis entreverla y
contribuir a ella.”
El ser más femenino describe entonces un amplio
círculo con la mano dejando aparecer una abertura en una
de las paredes gris-azuladas de la sala. Las dos siluetas me
indican que las siga, lo que hago sin temor, movida por la
curiosidad de lo que voy a descubrir. Al pasar por la puerta,
siento un escalofrío. Nada desagradable, al contrario, esta
sensación más bien se parece a lo que experimentamos
bajo una lluvia fina y fresca, después de una larga jornada
de viaje. La diferencia es que esta vez la ducha es sin
agua, son millones de partículas que me recorren desde
la cabeza a los pies, acompañadas de una beneficiosa regeneración,
de una profunda limpieza en todos los planos
de mi ser. También mis compañeros se han detenido bajo
esta “ducha sutil” y, sondeando mi corazón, uno de ellos
responde a mi pregunta sin formular:
—“Se trata en efecto de una ducha sutil, etérica para
ser más precisos; tiene como finalidad limpiar las envolturas
de los cuerpos y almas de todo parasito proveniente
del exterior.
Hubieras podido venir con tu cuerpo físico, nos habría
bastado con modificar muy ligeramente su nivel vibratorio;
pero de todas formas, hubieses tenido que dejarlo aquí
para la segunda mitad del viaje. La sensación de densidad
que has experimentado al abandonar tu cuerpo era deseada,
a fin de que puedas sentir este viaje casi físicamente.
El cuerpo físico ya no debe ser considerado como un
obstáculo para alcanzar lo sutil; es una necesidad, aunque
puede ser notablemente afinado según la calidad del alma
que lo habita.”
Los dos seres reanudan su marcha mientras en mi, de
repente, un velo se desgarra… una memoria se reactiva y
sé en ese instante y de forma muy precisa, que los tres nos
encontramos en la sala central de una nave nodriza. Una
de esas enormes naves de dimensiones similares a nuestras
ciudades, invisibles a nuestros ojos y sin embargo tan
presentes en numerosos lugares del planeta Tierra. Sé que
ya conozco todo esto, sé también que la identidad de mis
compañeros no me es desconocida, pero una parte de este
recuerdo permanece como voluntariamente sellada.
La entidad más femenina me sonríe:
—“La memoria en vuestro planeta está ligada actualmente
a dos elementos muy activos en la Tierra: la mente
y las

emociones. En esta etapa de vuestro desarrollo, es
una protección que os permite continuar la ruta más
allá de las dificultades encontradas, pero es también
vuestra debilidad. Volveremos a hablar de ello más

adelante, por el momento avancemos y ¡mira!”
Apenas unos pasos más allá del chorro de la ducha
etérica, un fabuloso paisaje se ofrece a mis ojos. Una
naturaleza abundante nos rodea kilómetros a la redonda:
extrañas esencias, flores de múltiples colores, árboles,
arbustos ofrecen tanto su sombra beneficiosa, como su
perfume embriagador. Brotan cascadas de agua de los
huecos de las rocas, puentes, pequeños lagos… Todo parece
sabiamente organizado, aunque de forma sencilla. No soy
una especialista en botánica en la Tierra y no me arriesgo
aquí a buscar el nombre de las plantas que parecen inclinarse
en mi camino, como a la espera de una caricia. No
obstante, reconozco aquí y allá un helecho arborescente,
otra que parece una orquídea y tantas y tantas que jamás
he visto…
Los tres continuamos nuestra ruta hacia un pequeño
puente de madera que franquea un riachuelo de agua
cristalina. Con un gesto natural, uno de los seres se apoya
en la barandilla del puente. Su voz fluye de nuevo en mí:
—“Tal como has percibido, te hallas en una de las
grandes naves nodriza estacionadas por encima de ciertos
puntos del planeta Tierra. Algunos ya han escrito sobre
ello pero, junto con grandes seres de nuestro planeta
deseábamos que pudieras aportar más detalles acerca de
este tema.”
—“¡Pero parecerá que estoy escribiendo una novela
de ciencia-ficción!… ¡si miramos además lo que les ha
ocurrido a todos los que han sido más precisos, no se me
presenta un futuro nada alentador!” —repliqué en voz
alta, pero sin demasiada convicción—.
Sabía, al pronunciar estas palabras, que mis argumentos
no tenían ninguna consistencia. En efecto, ¿desde
cuando me preocupaba yo por mi porvenir o por los
eventuales fracasos o éxitos de lo que se me pedía?

Hasta entonces, me había prestado de bastante buena
gana a todas estas peticiones un poco peculiares, de las
cuales no se me escapaba la importancia.
La voz continuó en un tono jovial:
— “Comprendemos lo que te preocupa hoy. Sabemos
lo muy atareada que es tu vida, pero te ayudaremos a
encontrar los lugares y momentos para revelar todo esto.
En cuanto al resultado, será el que debe ser. Unos creerán,
otros rechazarán este testimonio, pero todos recibirán en
su corazón un pedacito de cielo azul. Este viaje no tiene
como objetivo sobrecargar aún más los conocimientos,
no aportará una noción científica adicional; otros lo han
hecho ya y debéis dejar de acumular, para poder digerir
mejor lo que ya os ha sido dado.”
—“Pero entonces, ¿qué objetivo buscáis a través del
testimonio que yo pueda revelar?”
—“Objetivo no es la palabra adecuada. Para que haya
un objetivo hace falta un comienzo y un final. En lo que
nosotros te proponemos, no hay comienzo ni final, sino
la Vida que fluye siempre diferente y al mismo tiempo,
siempre ella misma.
Nos gustaría que supierais de la existencia de otras
formas de vivir diferentes de las que conocéis actualmente
en la Tierra. Que supierais que estos otros modos de vida
podrían ser los vuestros y recibir de ellos lo que sea beneficioso
para vosotros y para vuestro planeta. Quisiéramos
proponeros un modelo donde todas las modificaciones y
mejoras son posibles.
El simple hecho de saber que existe otra cosa, puede
inducir vuestras almas hacia infinitas posibilidades
para vuestro futuro. Pero de nuevo aquí, la palabra
futuro no es nada adecuada. Volveremos un poco más
tarde sobre esta cuestión de vocabulario.
Las palabras transmiten una energía a través de cada

letra que las compone y que tiene vida autónoma. Ya no
es necesario demostrar la fuerza del Verbo, pero sí comprenderlo
mejor. Cuando desde aquí vemos las corrientes
de energía que salen de vuestra boca al comunicaros, nos
sorprendemos por la irregularidad y el desorden que las
habitan. La mayoría no percibís las pequeñas energías
que se forman entonces a vuestro alrededor y que hacen
vuestro día a día tan complicado.”
La voz se ha detenido, pero mi perplejidad aumenta:
—“¡Si escribo todo esto, los lectores se arriesgan a
vigilar cada una de sus palabras, a no hablar más, o culpabilizarse
si sus palabras sobrepasan sus pensamientos!”
Esta vez los dos seres se ríen y la voz más femenina
continúa con ternura:
—“¡No temas! La gran mayoría de los seres de este planeta
hablan mucho, demasiado a veces, pero muy pocos
aplican lo que leen o escuchan, incluso estando de acuerdo
con ello… Una especie de caparazón, de letargo envuelve a
los humanos, y sus revueltas interiores o exteriores siguen
siendo momentáneas y sin efecto constructivo.”
La risa discreta y sin burla de mis dos compañeros
termina por apaciguarme. Todo me parece simple, y adivino
fácilmente lo mucho que nuestros cómos y porqués
pueden llegar a complicarnos la vida.
Miro ahora con más detenimiento el magnífico
parque por el que nos desplazamos. Allí, bajo la
exuberante vegetación, percibo unas presencias. Mi
atención se dirige hacia un pequeño grupo de cuatro
personas que, por su disposición en círculo y actitud,
parecen estar meditando. Desearía acercarme a ellos,
pero nuestro itinerario no pasa por allí. Lo que se me
hace raro, es que ese grupo de personas no parecen
diferenciarse en nada de mis dos guías.
No dispongo de tiempo para profundizar en esta cues

tión, pero me prometo a mí misma aclararlo un poco más
adelante… ya que siento que alguien me está mirando.
Escudriño con atención la naturaleza que me rodea, cuando
de pronto descubro a través del follaje de un pequeño
bosque a unos metros de mí, dos diminutos ojos brillantes
que me observan fijamente, divertidos. Nuestras miradas
se cruzan y confío vivamente en poder conocer aquél o
aquella a quien pertenecen esas perlas de suaves destellos.
No puedo detenerme por el riesgo a perder a mis compañeros
de viaje, pero al darme la vuelta sólo tengo tiempo
de adivinar la forma de un pequeño ser, del tamaño de un
gnomo, de piel tupida y animal que, furtivamente, huye
del arbusto.
Imperceptiblemente, hemos llegado ante una frondosa
bóveda de un verde intenso que apenas oculta la
entrada de lo que aparenta ser un largo pasillo.
Con un gesto amistoso, los dos seres me invitan a
seguirles.
En el silencio más completo, recorro con ellos un largo
corredor donde las paredes parecen dotadas de vida propia.
Este extraño material me desconcierta y sin embargo,
tengo la certeza en lo más profundo de mí, de que pronto
volveré a descubrir el por qué.
De repente, mis compañeros se detienen:
—“Avanza hasta nosotros, vamos a entrar en un lugar
importante para cada uno de los aquí presentes: el de las
informaciones relativas al planeta Tierra.”
Me bastan sólo unos pasos para descubrir el lugar. No
puedo contener una exclamación:
—“¡Qué maravilla!”

La sala de las informaciones

No sabría decir si es el lugar o la atmósfera que se
desprende de él, que hacen que exclame así… tal
vez ambas cosas.
En el centro de la sala, una inmensa cúpula hecha de un
material similar al cristal, ofrece a mis ojos maravillados
un magnífico cielo estrellado. Jamás he visto con tal nitidez,
con tanta claridad e intensidad, semejante cantidad
de estrellas. Esta visión me produce una serenidad aún
mayor y lentamente, mi mirada es atraída hacia una esfera
hecha del mismo material cristalino que la cúpula… Está
situada en el centro de la sala, justo a algunos metros bajo
el cielo estrellado de la cúpula, en suspensión; se diría que
levitando.
Antes de continuar con mi investigación, la voz femenina
interviene con gran dulzura:
— “Tal como has presentido, los materiales que ves
se asemejan al cristal de vuestra tierra, pero no lo es. Este
material tiene una solidez muy particular y hay ciudades
enteras construidas con él. Observa ahora atentamente
las paredes que te rodean… ¿Hay algo en particular que te
sorprenda?”
La pregunta se me antoja superflua, cuando en mi
cabeza se agolpan tantos interrogantes. No sé por cuál
empezar…. Uno de ellos me parece menos ingenuo:

—“En efecto, ya desde el pasillo tengo una sensación
peculiar; ¡los muros, las paredes de todos los lugares a los
que me acerco, parecen hechos de un material, digamos
vivo! ¿Qué hay de ello exactamente?”
—“Esperábamos esta pregunta por tu parte.”
Esta vez, la voz no proviene de uno de los dos seres
que me acompañan… La entonación es más grave, un poco
más severa. Es la de otra persona que acaba de entrar y se
dirige cordialmente hacia nosotros.
—“Acercaos —continua— y tomad asiento alrededor
de esta mesa.”
Una mesa ovalada de un material irisado y desconocido
para mi, nos acoge a los cuatro. Alrededor están armoniosamente
colocados doce grandes sillones en forma
de concha.
La voz continúa:
—“Si los materiales que ves te parecen más vivos que
los que empleáis en la Tierra, es porque efectivamente
lo son. Igual que esta nave sobre la que paseas, son una
creación viva de nuestra voluntad y nuestro Amor, combinados
según ciertas leyes que no podemos calificar de
científicas, ya que son la Vida misma.
El sonido, el Verbo primordial, es una parte integrante
de este proceso de creación colectiva. Algunos de los nuestros
han tenido la delicada tarea de transmitir datos muy
precisos a investigadores del planeta Tierra. Si empleo la
palabra delicada, es porque ha sido necesario sondear los
corazones y las almas de buen número de vuestros científicos
antes de tomar esta decisión, sabiendo que la difusión
de estos conocimientos sería fuertemente obstaculizada.
En efecto, en la Tierra existen seres que no tienen ningún
interés en que se divulgue este saber. Por esta razón
las personas que hemos contactado han tenido que hacer
frente a numerosas dificultades.”

No puedo evitar preguntar:
—“Sin duda habláis de esos descubrimientos que
son inmediatamente comprados y guardados después
en secreto, o del desprestigio que se abate sobre algunos
científicos que ven como los créditos y fondos para su
investigación son voluntariamente suprimidos, encontrándose
así financieramente atados de pies y manos….
También conozco a otros que, a fuerza de adversidades, se
han vuelto muy paranoicos, lo que les resta credibilidad.
Se trata de eso ¿verdad?”
—“Exactamente, y el libro1 que has escrito sobre este
tema, así como la revista2 que lo completa, arrojan luz en
este sentido…”
Estas últimas palabras han sido pronunciadas por el
gran ser, en un tono más malicioso y vivaz que el resto de
su discurso.
—“Para crear una nave, ya que de creación se trata,
hace falta el amor y la voluntad de un número determinado
de nosotros. Estos creadores poseen un conocimiento
muy específico del manejo del sonido, así como un despliegue
excepcional de sus capacidades, unido todo ello
a su mente superior y a su corazón. Su concentración psíquica,
empleando vuestro vocabulario, es muy particular,
lo que permite que sus creaciones se mantengan bajo la
forma deseada durante un tiempo mucho más largo de lo
normal.”
—“¿Pero qué significa “normal” para vosotros?”
—“Como individuos, nuestras creaciones pueden
durar algunos días, algunos meses, pero a las que hago
referencia aquí pueden durar años de nuestro tiempo,
tiempo que no guarda ninguna relación con vuestra

duración terrestre. Pero volveremos a hablar de ello.
Una creación de este tipo permite pues a nuestras naves,
de la más pequeña a la más grande, pasar más allá de
vuestros patrones de velocidad, de distancia y de tiempo.
Ésta es la razón por la cual podemos hacernos visibles o
invisibles a voluntad… Simple cuestión de estado vibratorio
de la materia. No te inquietes, dentro de poco podrás
constatar los efectos de todo esto por ti misma y de forma
bien concreta.”
Me regocijo interiormente por la noticia. Entonces,
con un gesto muy preciso, el ser extiende su mano izquierda
hacia el enorme globo de cristal suspendido en la sala.
Descubro en ese instante que el globo da vueltas sobre sí
mismo, con una lentitud casi hipnótica.
—“Esta es nuestra sala de las informaciones. Nos
indica a cada instante el estado del planeta Tierra y nos
permite comprender mejor lo que pasa en el alma de sus
habitantes. Pero observa…”
Mis dos guías, uno a cada lado, están casi hundidos en
sus sillones; hago lo mismo y me instalo como en un avión
a punto de despegar.
De pronto, la esfera que había tomado una tonalidad
más blanquecina, parece agrandarse a una velocidad vertiginosa;
ocupa toda la sala, me engloba en su expansión y
tengo la sensación de estar proyectada al espacio.
Por debajo de mi, el planeta Tierra aparece como una
pequeña esfera perdida en el universo. Durante un instante,
me siento llena de compasión y ternura hacia esta
Tierra a la cual no ofrezco suficientes cuidados todavía.
Muy rápido, el planeta se aproxima hacia mí. Una
frase me viene: “¡zoom hacia el planeta!” El detalle de los
continentes, sus contornos, mares y océanos aparecen
cada vez con más nitidez. África parece ser el punto hacia
el cual nos dirigimos. Si, eso es… Sobrevuelo un desierto

y me acerco hacia un grupo de seres acurrucados bajo la
escasa sombra que ofrece una pared de adobe. Se diría que
hacen cola… No, de hecho están esperando no sé qué, o no
sé a quién. Son de raza negra, sus siluetas largas y descarnadas
me hacen suponer que no encuentran la forma de
cubrir sus necesidades más básicas. De pronto, aparece
un hombre, hasta entonces oculto por el muro. Parece
preocupado e inquieto. Con una señal, invita a todos los
que esperan a entrar. La minúscula estancia con el suelo de
tierra batida, queda rápidamente abarrotada. Con calma,
o más bien con agotamiento, cada uno encuentra un lugar
donde ponerse en cuclillas. Otro hombre, de la misma
raza, también está aquí: sirve en pequeños tazones una
especie de papilla, que cada uno recibe sin decir palabra.
En el grupo también hay niños, con sus extremidades
largas y flacas, con ojos demasiado grandes para llorar.
Parecen guardar la poca fuerza que les queda para quién
sabe qué milagro… Siento nauseas ante mi impotencia
para actuar. No quiero presenciar más escenas sobre las
que nada puedo hacer.
—“Algunos sobre la Tierra quisieran haceros creer en
ese pacto de impotencia. La incapacidad para actuar despierta
la agresividad hacia seres que viven una situación
que pensamos no poder modificar. Observa la reacción
de ciertas personas frente al dolor, la desgracia o la enfermedad
de sus prójimos: se sienten tan incompetentes,
tan torpes que prefieren distanciarse, o incluso a veces se
vuelven violentas o indiferentes frente a lo que consideran
una carga demasiado pesada de llevar. Fíjate en lo que
ocurre a menudo en los hospitales de la Tierra cuando
médicos, enfermeras o personal del lugar creen que ya no
pueden hacer nada más por un enfermo. ¿No has constatado
a menudo como aquella persona de pronto, se vuelve
indeseable? La devuelven a casa o la confinan en una

habitación que ya nadie visita. ¿Quién acepta ver con tanta
evidencia lo que los humanos consideran como un pacto
de impotencia y por consiguiente, como un fracaso?”
—“Afortunadamente, existen cada vez más voluntarios
que se ocupan de todo esto.”
—“Si claro, porque siempre hay hombres y mujeres
de corazón muy abierto; pero no olvidemos que para
algunos de ellos la culpabilidad y la necesidad, a menudo
inconscientes, de ser amados y reconocidos, son motores
importantes. Esto no significa que el acto en sí no sea
positivo, pero ganaría en fuerza y pureza si no estuviera
contaminado por estos elementos personales y anexos,
creados por la fuerte mentalidad de los habitantes de la
Tierra.
Sin embargo, a nadie se le pide cargar con el peso o el
sufrimiento de otros. También esto es un invento cuya finalidad
es culpabilizaros y hacer aflorar sentimientos que
os debilitan y os incapacitan para actuar. Pero aquí una
vez más, ¿qué significa la palabra actuar? Evidentemente
puede ser una acción, un acto de entrega de si mismo o de
lo que poseemos, no para desculpabilizar una conciencia
que se siente a menudo culpable, sino por Amor, por
comprensión del otro. Saber que el otro es un ser divino
igual que cada uno de vosotros, comprender y aceptar que
haya podido hacer elecciones de vida que os parecen inadmisibles,
requiere mucho amor, respeto, ningún juicio
y tolerancia. Saber también que vuestra escucha, vuestra
sonrisa, vuestra ternura pueden hacer más fácil el camino
de los que os cruzáis, es más esencial de lo que pensáis.
No estáis sobre la Tierra para resolver problemas. La vida
os parece difícil por la concepción que habéis elaborado
de ella en vuestra mente. Lo Sencillo sigue siendo para
vosotros algo enigmático. Lo Verdadero, lo Puro, lo Eficaz
jamás son complejos. Pensáis que sí lo son porque actual

mente estáis viviendo en una matriz que crea a vuestro
alrededor un grueso velo, y éste persistirá mientras dure
vuestra forma de comprender la vida. Pero volveremos a
hablar de ello. Observa lo que viene ahora.”
La escena siguiente es de una violencia inaudita.
Sobrevuelo una parte de Europa. Hay guerra: unos militares
bajan hacia un pueblo, registran las casas y se llevan
todo lo que encuentran digno de interés. Su mirada es
vacía, cansada, casi drogada… Tienen miedo y disparan
sobre todo lo que se mueve. Las mujeres y niños que no
han huido del lugar son violados, degollados. No entiendo
porque se me muestra todo esto. Mi alma tiene dificultad
en retomar su aliento.
La voz femenina y tranquilizadora de uno de mis guías
resuena en mí:
—“No te dejes arrastrar por las emociones que todas
estas imágenes puedan generar. La acción se hará siempre
desde el corazón, no desde la emotividad. Comprendo que
estés sumergida por lo que te parece injusto. Debes saber
sin embargo que nada, nunca nada, se realiza sin que una
parte de vosotros así lo haya aceptado y querido. Esto no
justifica en absoluto lo que ocurre, se trata más bien de
comprender una de las grandes leyes cósmicas que debéis
poco a poco llegar a percibir para poder avanzar, ir más
hacia vosotros mismos, ahí donde todo es posible.”
Respiro con dificultad, me ahogo, no por indignación,
sino por esta saturación asfixiante de la que no sé como
desembarazarme.
—“Justamente, nunca nos desembarazamos de nada.
Todo lo que existe es justo, por el simple hecho de existir.
Vuestra noción de justo e injusto es demasiado simplista
y os da una visión muy limitada de la Vida.”
—“¿Quieres decir con esto que todo está bien, que no
hay que cambiar nada?”

—“No es exactamente eso. Todo es justo, porque así lo
habéis creado y querido; las experiencias que tenéis son las
que habéis aceptado según vuestro nivel de comprensión
de las leyes de la vida. Transformad vuestras leyes, cambiad
vuestra mirada sobre la vida y los acontecimientos
serán diferentes.”
—“¿Cómo?”
—“Ten todavía un poco de paciencia.”
Ahora sobrevuelo una megalópolis. Tengo la impresión
de reconocer la ciudad de Río. Los barrios de favelhas
descienden lentamente hacia la ciudad y sus lujosas playas
y mansiones. Anochece, las pesadas rejas de las casas
señoriales se han cerrado sobre los que las habitan. Son
ellos a esta hora, los prisioneros. La ciudad por la noche,
pertenece a los que no poseen nada y que la mayoría temen.
¡Los ricos son vigilados por los guardianes de sus
propias prisiones!
Tres niños de apenas doce o trece años, salen de una
chabola de uralita. Desde donde estoy, puedo sentir la
violencia y la rabia que los habitan. Están dispuestos a
todo para conseguir lo que otros tienen y que tal vez ellos
nunca podrán gozar. Les importa muy poco una vida de
más o de menos, están en un lugar donde el más fuerte
gana, aunque sólo sea por un instante. La voz resuena en
mí:
—“Habéis hecho de vuestros deseos y pulsiones
leyes erigidas por algunos, para algunos. Las leyes cósmicas
son muy diferentes y no podréis seguir viviendo
olvidándolas.
Os convenían porque encajaban con lo que pensabais
ser, porque durante un período de tiempo habíais olvidado
vuestra esencia divina y vuestras infinitas posibilidades.
Hasta hoy, habéis jugado al verdugo y a la víctima de una
vida a otra, cambiando solamente los roles, de vida en

vida, y habéis jugado tanto tiempo que habéis olvidado
que se trataba sólo de un juego y que en realidad, jamás
hubo víctima ni verdugo sin el consentimiento mutuo de
cada uno.”
Zoom atrás y de nuevo, zoom avante. Esta vez reconozco
una capital europea célebre por su elegancia, su
alta costura y sus desfiles de moda.
Tal vez ahora mi alma podrá reposar… Una sala llena
de un público selecto, mundano, parece esperar el debut
de un espectáculo. Una pasarela avanza por en medio de
los espectadores… Se trata efectivamente de un desfile
de moda. Unos maniquíes altos y huesudos, hombres y
mujeres vestidos con pieles de elegante corte, avanzan, giran
y vuelven a marchar. Debe tratarse de la moda para el
próximo invierno, ya que en la sala el aire acondicionado
está al máximo.
De nuevo, salgo de la escena o la escena sale de mi…
no sabría decirlo. Sobrevuelo esta vez un magnífico
yate blanco de tres mástiles, navegando a toda vela por
el Mediterráneo. Se diría que hay gente a bordo: cuento
unas diez personas; seguramente se trata del personal de
servicio del o de los propietarios.
Escucho la voz firme de mi guía con su energía
masculina:
—“Este barco pertenece a un rico armador que ha
llegado a ser una de las grandes fortunas de este planeta,
aunque no el más conocido. Ha acumulado una fortuna
nada despreciable gracias a ciertos acuerdos con algunos
jefes de gobiernos. No te muestro nada nuevo con todo
esto, pero sabed que la vida sobre vuestro planeta no puede
continuar con diferencias y mentiras que gangrenan
vuestro mundo.”
—“¿Quieres hablar entonces de bueno y de malo?”
—“No. La idea de juzgar, de analizar, de condenar

no forma parte de nuestra manera de pensar y no es de
ninguna utilidad en ningún contexto, sea cual sea… ¡Mira
un poco más!”
El gran barco blanco se acerca a mí… o es la impresión
que recibo.
En un salón demasiado suntuoso unas mujeres esperan,
lánguidas, riendo y adoptando posturas lascivas que
no dejan ningún equívoco. El personal de a bordo sirve
con celo copas de alcohol. Pero lo que más me llama la
atención son los frescos pintados y firmados que adornan
uno de los muros y el techo del salón…
—“Incluso la grifería es de oro —continua la voz de mi
guía— No se trata de juzgar, ni de condenar, sino de saber
que la Tierra posee unas inmensas posibilidades. Puede
proporcionar a cada uno de vosotros una vida digna a todos
los niveles, a condición que la codicia no sea una regla
de conducta como sucede actualmente con demasiada
frecuencia. No creas que se trata de un juicio por mi parte.
Bien sabemos que sólo la experiencia permite comprender
y aprender, y que la diversidad de temperamentos de
los habitantes de vuestro planeta constituye también su
riqueza. No obstante, el hecho de desear siempre más, de
convertirse en un consumidor insaciable, tiene un nombre
que vosotros llamáis codicia, ¿no es así?”
Interiormente debo admitirlo. Todo es tan evidente…
Esta vez ya he visto demasiado. Evitando muchas veces
complacerme con informaciones deprimentes, no deseo
alargarme más con escenas de este tipo. Quiero volver a la
sala de las informaciones.
—“¡Si no la has abandonado nunca!”, contesta como
un eco a mis pensamientos una voz familiar y jovial. En
efecto, siento debajo de mí la curva envolvente del sillón,
la resistencia de sus apoyabrazos. Sí, me encuentro en la
sala de las informaciones, donde nada en absoluto parece

haberse movido. La esfera sigue girando lentamente sobre
ella misma y mis tres compañeros me miran sonriendo.
Tengo la impresión de salir de una pesadilla que me ha
dejado un regusto amargo.
—“No hemos querido mostrarte estas escenas que no
te enseñan nada nuevo, por el simple hecho de poner a
prueba tu emotividad. Frente al sentimiento de impotencia
que despierta la desgracia ajena, demasiados de entre
vosotros prefieren simplemente ignorarla y pensar que el
mundo todavía puede seguir así por un tiempo… Es un
error que refuerza aún más el caparazón que os envuelve
y el letargo que induce.
Este mundo que te resulta tan aberrante ha sido creado
por vosotros y nada más que por vosotros. El conjunto de
la humanidad terrestre está en el origen de todas las situaciones,
bellezas y fealdades que encuentra en su camino.
No tienen otra existencia que la que les dais. Son
vuestras creaciones, ni justas, ni injustas. Corresponden a
lo que vive en lo más profundo de vosotros. Las ideologías
que dirigen vuestras revoluciones son útiles, puesto que
emanan de lo que cambia profundamente en vuestro
interior. Vuestras guerras y matanzas no son más que la
torpe exteriorización de estos pensamientos.
Vistos desde nuestras naves, parecéis niños pequeños
experimentando torpemente la vida, si bien poseéis toda
la libertad y potencial de vuestro futuro.
En vuestras guarderías infantiles, los que juegan a la
guerra creen en ella como en una realidad, porque es su
realidad.
Por la noche, en vuestros sueños, vivís extrañas situaciones
que creéis verdaderas porque son vuestra realidad
del momento. Al despertaros, continuáis pensando que
también eso es la realidad.
Pero, ¿has pensado qué es vuestra realidad? Es lo que

pensáis, lo que creéis, pero nada tiene más existencia que
la que vosotros le dais.”
—“¿Significa esto que podemos tener un mundo diferente
del de nuestro vecino y que podemos cambiar los
acontecimientos que vivimos?”
—“Es exacto en parte. Lo que pensamos del mundo
transforma nuestra percepción de él y en consecuencia, los
acontecimientos a nuestro alrededor también cambian.
Habéis querido poner la vida en ecuación, dar una
explicación racional a todo, pero las leyes de la vida son
fluidas. Cambian y evolucionan, se transforman según el
pensamiento de su creador.
En nuestros planetas, nuestros mundos son creados
voluntariamente. Aquí en la Tierra, creáis los acontecimientos
sin tener aún ninguna conciencia de ello.
Podríais llegar a ser criaturas conscientes y voluntarias
de vuestros mundos respectivos. Digo bien vuestros mundos.
Puesto que no tenéis un mundo, sino varios mundos
diferentes para cada uno de vosotros.”
—“¿Y cómo podemos hacer para ser más conscientes
de nuestra responsabilidad como creadores sin sentirnos
culpables?”
—“Sed sencillos y sobretodo no creáis que otros os
manipulan. El gobierno mundial del que hablas actúa
porque una parte de vosotros así lo quiere. Nada puede
hacerse sin vuestro consentimiento, si bien algunos seres
sacan provecho del sueño momentáneo de vuestras
almas. De entre los hombres, los hay que tienen mucho
interés en que las cosas se mantengan así. Tienen la costumbre
de crear focos infecciosos en diferentes lugares
de la Tierra. En cuanto un conflicto, una epidemia, una
guerra o una catástrofe económica finaliza en un lugar,
inmediatamente otro acontecimiento se prepara en otra
parte. Esta desestabilización debilita considerablemente

vuestra capacidad de razonar por vosotros mismos. Una
parte de los medios de comunicación les sirve de soporte
como sabéis, pero también los teléfonos móviles y los
sistemas tales como Internet.”
—“¿Significa esto que debemos suprimir todo?”
No puedo evitar esta pregunta, ya que todo lo que
acaba de mencionar me parece tener asimismo grandes
posibilidades.
—“Los inventos tienen siempre dos polos, y tú lo sabes:
el más y el menos. La finalidad no es suprimir lo que sea,
sino hacer que los descubrimientos estén al servicio de la
humanidad y no de algunas personas ávidas de poder y de
dinero. Un planeta desvitalizado es una presa fácil y no
creas que solamente un puñado de humanos quiera sacar
provecho de la Tierra.
Este planeta, de una extrema riqueza, está en juego
desde hace milenios. Es el único de este sistema solar e
incluso de otros más alejados, que ofrece tantas posibilidades…
Por la naturaleza que la compone, por la variedad
de su subsuelo, por sus océanos, sus climas, sus minerales
y, más recientemente, por su diversidad de seres animales
y humanos que la habitan.
Si hemos querido hacerte sentir algunas escenas de
esta Tierra en la que vives, es porque su historia corresponde
a nuestra prehistoria.
Cuando desde aquí vemos personas vestirse con pieles
de animal

únicamente por placer, afamar a los suyos para
sacar mayor provecho, reinar por la ley del más fuerte
alegando ideologías, comer todo lo que se mueve y actuar
por pulsión o guiados por la emoción, he aquí lo que era
nuestra prehistoria. Bastaría muy poco de vuestro tiempo
terrestre para que todo esto cambie, pero en la actualidad
la comprensión general del planeta genera un velo que

dificulta cualquier enfoque diferente y toda comprensión
más difícil para sus habitantes.
Si vuestros teléfonos móviles que se han extendido
con tanta rapidez, fragilizan una parte de vuestro cerebro
y lo vuelven más maleable, si el proceso de Internet que
ocupa los días y las noches de vuestros conciudadanos,
os da la ilusión de estar unidos a todo el planeta, es cierto
sólo en parte, pero permite introducir los datos más erróneos
junto con los más verídicos. No obstante, existe una
falla más importante aún y que sólo depende de vosotros:
se trata de vuestra mente. Comprenderás más adelante
lo que quiero decir con esto, pero observa una vez más.
Lo que vas a ver no tiene nada en común con las escenas
precedentes. Se trata de momentos que pertenecen a un
pasado muy lejano de la humanidad terrestre. Tan lejano,
que ya no percibís más sus huellas, incluso estando toda
su memoria totalmente presente, aunque adormecida en
cada uno de vosotros.”

 

Lo encontrais en http://www.correodelram.com

 

a mis pensamientos una voz familiar y jovial. En
efecto, siento debajo de mí la curva envolvente del sillón,
la resistencia de sus apoyabrazos. Sí, me encuentro en la
sala de las informaciones, donde nada en absoluto parece

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Libros Ramtha. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s