Visto desde Arriba /Daniel Meurois-Givaudan-

Capítulo 2

Montreal Lunes, 23 de marzo

Hoy, otro día acaba de amanecer. Desde mi escritorio, por la ventana, observo la nieve caer en forma de pequeños copos sobre el Mont-Royal, todavía recubierto por su manto blanco.

Tumbados sin nada más que su propia ropa, los niños bajan rodando las pendientes. Es el tercer día de primavera y ya hace tres semanas que la Presencia se me manifestó. Desde entonces, todo ha sido silencio. Lo he vivido sin hacerme preguntas, como un fermento  indispensable, y de repente, lo que sigue se ha impuesto. Me he sentado delante de mi  cuaderno, con mi pluma, y ahora, con la mirada absorta en esta nieve que cae, me oigo a mí mismo decir… “Bueno qué, es el momento… Si lo desean podría ser hoy, me siento preparado”.
Pero los minutos pasan, parece que hasta se ríen de mi espera, quizás un tanto ingenua o dirigista… y enseguida soy yo el que me pongo a reír de mí mismo y de mi actitud. Ya me he encontrado en buen número de situaciones poco comunes, ya he escrito infinidad de cosas, pero esto… ¿Cómo voy a explicar esto? ¿Que he oído una voz? ¿Que hasta la he llamado? ¡Esta afirmación tiene ya un aire… terriblemente ridículo!

—¿Ridículo? ¿Te has preguntado por qué esta situación tiene tan a menudo este sabor?

La Presencia acaba de surgir en el centro de mi cráneo, sin que ni siquiera me de cuenta de que se acercaba.

—¡Ridículo… porque en ciertos medios, todos o casi todos, afirman entrar en contacto con lo intangible!

He respondido automáticamente, sin pensar, sin moverme, como si temiera que el hilo que me unía a mi extraño teléfono se rompiera.

—Y después…, –me oigo tan pronto añadir–, si yo fuera de esos que no creen en esas cosas, diría… “¡Anda, un contactado más!” Y me reiría encogiéndome de hombros. De hecho… más vale que se lo diga ahora mismo, creo comprender realmente a los que reaccionan de esta manera. ¡Escuchen… seamos lúcidos! Basta con recorrer las calles u ojear las revistas. No se encuentran nada más que los anuncios sibilinos o proselitistas de tal o cual Señor, o Señora, exagerado en ocasiones con un título pomposo que os va a hacer entender en directo las voces del Cielo, haceros llegar la suerte, o todavía mejor, prometeros un retorno de afecto. ¡Y no hablo de lo que se apila en los pasillos de las librerías, cada uno aclamando su mensaje exclusivo y urgente, pero desgraciadamente, a menudo tan desacertado! La mayoría de las veces, uno copia al otro y el otro, como gran mensajero que dice ser, se escucha a sí mismo hablar. No quiero, como se dice comúnmente, “morder en la mano del que te da de comer”, pero hay que reconocer que se pueden admitir las razones de los que se mofan de toda una literatura y le dan la espalda a una corriente de pensamiento que se reviste tan torpemente de atavíos de la… espiritualidad.

Por toda respuesta, escucho primero una gran risa franca y sonora dentro de mí mismo. Es una risa comunicativa que me daría ganas de reír a mí también si no me retuviera, por miedo siempre a cortar el hilo. Afortunadamente, muy deprisa, la voz retoma.

¡Sí… estamos de acuerdo contigo! En realidad tienen razón aquellos que se encogen de hombros, pues lo único que hacen es tomar el relevo que les tienden los que sostienen esa extraña espiritualidad. Su reacción no sólo es comprensiva, sino lógica. También, es en función de todo esto por lo que no queremos llevarte por el camino de los que, a su propia costa, dan forma a tales relevos. Esto puede parecer presuntuoso… pero ¿por qué no? Hay que cambiar de vida y eso es lo que querríamos emprender en tu compañía. Sin embargo, está claro que avanzaremos por tierras movedizas, incluso a veces totalmente minadas. En primer lugar, hay que comprender bien que no te hablaremos de espiritualidad, en todo caso no con esas nociones o con esos términos raídos, gastados y amarillentos por el tiempo y que hacen dar  media vuelta a todos los que se los encuentran. Ahí está la dificultad: la mayor parte de los hombres y mujeres ignoran que son profundamente sensibles a lo que se llama las cosas del espíritu, porque se las han presentado bajo un aspecto triste, pueril o engañoso así como, casi de manera inevitable, dogmático, y por lo tanto lleno de obligaciones, de prohibiciones y de  censuras.

Podríamos decir que aquellos y aquéllas que no han entrelazado sólidamente en ellos mismos el deseo de emprender una búsqueda sobre quiénes son y sobre el sentido de la Vida, no tienen ninguna razón válida y estimulante para abrirse a otra dimensión que la de su día a día.
En otras palabras, digamos que los principales obstáculos o adversarios para una toma de conciencia más amplia y sutil de la Vida son, desgraciadamente muy a menudo, los creyentes de todas las religiones, los adeptos de todas las fes, y más generalmente, la mayoría de los que se definen como espiritualistas. En lugar de rellenar un foso, lo excavan y lo agrandan.

—Les sigo perfectamente… ¿pero qué tiene que ver con ustedes? Han dado a entender de manera indirecta que no pertenecen a este planeta sino a otra civilización. Así que, antes de continuar adelante, necesito saber con más precisión adónde vamos juntos y por qué son ustedes los que así intervienen.
—Vamos… hacia una gran simplificación. Vamos en una dirección que no es, ni la de una filosofía aburrida, ni la de una fe religiosa casi inevitablemente dogmática, y por lo tanto limitativa. Vamos de hecho… hacia esa gran libertad… en el seno de la cual puede comenzar a expresarse el verdadero Espíritu de la Vida, con su dirección, su significado y también, sobre todo, toda su belleza. Sí, el sentido de lo Bello, eso quiere decir… ¡la identidad de lo Esencial! Esto es lo que queremos ayudar a dar a conocer un poco más, ayudar a renovar.
¿Quieres saber ahora quiénes somos? Pues bien, digamos que, sobre todo, no somos de los que te harán escribir:

“La verdad es esto o aquello”, ni tampoco “Debes creer más en esto que en aquello”. Acabamos de decírtelo, somos renovadores, reavivadores de la memoria. Y si nos ha tocado esta tarea es sólo porque somos un poco más mayores que vosotros. Menos aletargados, menos somnolientos si prefieres. Así que no somos más sabios ni mejores que vosotros por la gracia de algún dios o de alguna iniciación suprema, sino porque hemos andado durante un poco más de tiempo por ese famoso sendero de la evolución del que hablaremos, si te parece bien. Tampoco es cuestión de que nos evoques como si fuéramos Maestros. Hay palabras que, si en cierta época eran comprensibles y prácticas, podrían provocar hoy en día una indigestión más que una ampliación de la conciencia.

Así que hablaremos simplemente de relaciones de amistad que nos unen…
—¿De fraternidad también?
—Una vez más, ¡seamos prudentes con las palabras…! Las más nobles de ellas, y esto es un ejemplo, han sido desnaturalizadas y ensuciadas estos últimos decenios! Por supuesto que existe un poderoso sentimiento de fraternidad que nos empuja hacia vosotros pero, por favor, ni siquiera nos llaméis hermanos, pues una vez más se trata de un cercado, el de un claustro, una comunidad o un grupo sectario que sugeriríais en las conciencias. Nos conformaremos con evocar un viejo y profundo lazo de amistad y de afección que nos permite especialmente tenderos la mano hoy. ¿No es mejor así…?

Y he aquí que de repente, de golpe y porrazo, percibo que la presencia de la voz en mí se esfuma. ¿Habré modificado alguna cosa en mi manera de comportarme? Me hago la pregunta… ¡Cuánto tiempo tendré que esperar ahora y qué frágil me parece todavía este puente echado entre los mundos! Un momento de descuido, un segundo no suficientemente nítido en mi corazón y el puente se disgrega, estoy convencido.

 

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