Relatos de un viajero en el tiempo de Daniel Meurois & Anne Givaudan

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Continuación

En el momento en que se desarrolla en el universo interior de un individuo humano, animal u otro, cada pensamiento se funde con un elemental que, te recuerdo, es un poder semi inteligente de la naturaleza, para formar una entidad capaz de actuar en el mundo de la materia. Su duración de vida es proporcional a la intensidad primitiva de la acción cerebral que lo ha engendrado. La creación de formas pensamiento ha sido y sigue siendo utilizada con frecuencia por los brujos o los magos. No obstante, te repito, todos los seres las crean a cada instante de su vida. Ese es uno de los motivos por los que debemos esforzarnos en tener pensamientos elevados guiados por el Amor y la Bondad. Sin saberlo, nos rodeamos de entidades que son reflejo de lo que somos y que intervienen en nuestro propio espacio físico y mental. Tras el instante de la muerte, cada ser debe franquear las capas astrales bajas para alcanzar el plano astral medio. Cuanto más elevado haya sido su ideal, más breve será ese paso, hasta el punto de dejar de existir; cuanto más bajo haya sido su ideal y nefastas sus acciones para los demás, más larga y penosa será la transición. La corriente poblada de entidades que un ser se crea durante su vida en la Tierra determina en gran parte la longitud de onda en la que vibrará su alma en el plano astral medio. Esa corriente es lo que los hindúes llaman karma. Esquematizando un poco, podríamos decir que corresponde a realidades de orden “eléctrico”. Por lo tanto, cada acción, cada pensamiento, ya sea fasto o nefasto, sigue la trayectoria de un boomerang. Después de evolucionar siguiendo un proceso determinado, regresa por sí solo a quien lo ha originado. Cada pensamiento y cada mala acción se vuelven contra su autor más tarde o más temprano, y si no lo hacen en la vida terrestre presente, lo harán en la vida terrestre siguiente por mediación de esa corriente que hemos llamado karma. Escucha las palabras de la Biblia: “El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada.” (Gen. IX.6). Por lo tanto, un recién nacido no es un viajero sin equipaje exactamente… Es terriblemente lamentable que el hombre se mantenga en una ignorancia casi completa de estas leyes; debería revisar seriamente algunas de las cosas que ha formulado en relación con la herencia.” Dando unos pasos a su izquierda, mi guía añade: —Pero… busca un poco más… Busca la cruz de la vida egipcia; además de en la mano de Osiris, también se encuentra en otro lugar. Confieso que ya no sé ni dónde mirar. Me siento un poco perdido ante tanta belleza, tanto misterio. No es sorprendente cuando uno se encuentra así ante cientos de estatuas, de divinidades, de iniciados que parecen examinarte en medio de una selva extraordinariamente lujuriante. Creo que mi amigo, el ser de rostro azulado, lo ha comprendido perfectamente. Lo sigo por el dédalo de cuerpos petrificados sin decir palabra. —Aquí está —me dice con dulzura—, esto es lo que quería enseñarte. Como ves, son Akenatón y, a su derecha, Tutankamón. Ambos han dado una importancia muy especial a la cruz de vida. Puedes verlas en numerosos bajorrelieves a sus lados. Además, en el nombre de Tutankamón encuentras el término “Ankh”, que significa vida, y a partir del cual se ha formado la palabra “Ansata o ankhsata”, de Crux Ansata.Los dos faraones han dedicado toda su vida a reinstaurar el culto al Dios único en Egipto, y sobre todo al Dios de Amor, al Dios solar que era Atón, haciéndolo primar sobre Amón, el poder negativo del clero corrompido. Tutankamón hubiera querido que la posteridad lo conociera por el nombre de Tutankatón, pero se acerca el día en que el mundo conocerá la verdad sobre el importante papel que desempeñó en la lucha contra las fuerzas negativas. Cuando vuelvas a la Tierra, te esforzarás por buscar los bajorrelieves que representan a Akenatón y a su sucesor espiritual Tutankamón, coronados por un disco solar que lanza hacia ellos sus rayos rematados por manos. Esas obras tienen un profundo significado religioso y muestran bien el profundo vínculo que unía a los dos soberanos con las fuerzas de Amor cósmico. Tutankamón, Akenatón, Osiris, Isis, Thot y todos los que puedes ver aquí, estereotipados por el arte del país en el que se han manifestado, son los enviados directos del poder emanado del Ser único. Son náufragos voluntarios en un mundo de violencia, enfermo de desamor sin ser consciente de ello. Como te he dicho, proceden de humanidades que evolucionaron anteriormente. Hace mucho tiempo, miles y miles de millones de años, que quienes se han convertido en grandes guías mataron su propia alma. Que no te sorprenda lo que te digo; solo desarrollo lo que ya sabes con otras palabras. La mayoría de los seres humanos sitúan al alma por encima de todo, imaginando que es el elemento más divino del ser humano. Sin embargo, el alma solo es el mediador entre el cuerpo y el Espíritu, igual que la aurora reúne la noche con el día. Así como la meta final del cuerpo de carne es perecer, la del alma es disgregarse. El alma solo representa el cuerpo astral, la vibración más sutil de la materia. Todo ser debe convertirse en Espíritu. Que todos los que hayan leído las líneas que has escrito hasta ahora se detengan un momento aquí y comprendan bien esto; que remachen esta verdad en lo más profundo de sí mismos: La vida después de la muerte aún no es la vida verdadera. Si al traspasar las puertas de la primera muerte, esa luz no es nada comparada con la que nos espera una vez franqueado el umbral de la segunda muerte. Antaño, los gnósticos la llamaban “Luz de luz”. La segunda muerte es precisamente la muerte del alma, del cuerpo astral, del karma. También puede ser la muerte iniciática del alquimista y del místico. Es el instante en que el hombre que ha pasado por todos los grados de la evolución terrestre y astral se convierte en el Hombre, porque ha comprendido íntimamente que es el gran heredero del Amor de Dios. Eso es lo que sabía perfectamente el Cristo-Jesús. El propio Espíritu es capaz de refinarse al infinito. El del Cristo-Jesús llegó a tal grado de perfección que tiene pleno derecho a declararse hijo de Dios, pues se ha convertido prácticamente en una emanación de la Divinidad. Solo la entrega total permite al hombre entrar en verdadero diálogo con su super-yo, o Espíritu, o Inconsciente que, contrariamente a su denominación, es completamente consciente y posee la visión y la memoria totales. —Pero —le digo—, al encerrarse en un caparazón de carne y de sangre para su encarnación en la Tierra, las altísimas entidades de Cristo, de Buda, de Krishna, de Osiris y de otros que viven a la escala del universo, se han impuesto sufrimientos muy crueles.—Es cierto, máxime por cuanto no se han encarnado en la Tierra una única vez, sino muchas. El Cristo-Jesús fue el gran legislador y el gran profeta de la Atlántida así como de otras muchas civilizaciones que la precedieron. Antes de ser Jesús, fue Melquisedec y Eliseo. De hecho, la Biblia hace alusiones a la encarnación de Cristo en Eliseo, en tanto que la alta entidad que debía convertirse en Juan Bautista había vivido en el profeta Elías. “He aquí que yo os envío al profeta Elías antes de que llegue el Día de Yaveh” (Malaquías, 111,24). Y, por supuesto, observarás que Juan Bautista o Elías nació poco tiempo antes que Jesús para anunciar su misión y su llegada. En el segundo capítulo de los Reyes (11-13), podemos encontrar una evocación del traspaso de la autoridad y del poder de Elías a Eliseo: “Él (Eliseo) tomó el manto que Elías había dejado caer.” Hay que considerar este texto como la explicación simbólica de la transmisión del poder del gurú, por emplear el término hindú, a la persona del discípulo. Digo simbólicamente, aunque el término no es totalmente exacto, ya que el manto de Elías estaba dotado de ciertos poderes y de ciertas propiedades. Sobre todo no creas que el hecho de hablar del futuro Jesús como discípulo reduzca su talla. Hay discípulos que superan a sus maestros. Si el Espíritu del Cristo-Jesús eligió ser un discípulo en aquella encarnación, fue para preparar la tarea que iba a asumir más adelante. Cuántas altas entidades, Espíritus en armonía con la Divinidad, fueron un día mendigos, humildes campesinos, a fin de trabajar en el silencio y el anonimato más completos para la realización del plan. Los caminos de la verdad, las vías que toma la Palabra son más diversos, más inesperados de lo que generalmente se piensa. En el evangelio de Lucas (1-17) encontramos una alusión relativa a Juan Bautista en persona. El ángel anuncia a Zacarías que su hijo “precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías…” En cuanto a Jesús, dos veces identificó a Elías, su antiguo guía, con su profeta Juan: “Os digo, sin embargo, que Elías ya ha venido, pero no le han reconocido, sino que han hecho con él cuanto han querido… Entonces los discípulos entendieron que se refería a Juan el Bautista.” (Mateo, XVII. 12.13). “Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron. Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir.” (Mateo, XI, 13.14) Observa bien que el Cristo-Jesús dice: “… si queréis admitirlo.” Ya que quienes no quieren abrir los ojos los mantendrán herméticamente cerrados. Siempre habrá teólogos que interpreten los textos de otra manera porque un día les aseguraron que la reencarnación es una quimera. Y sin embargo, la realidad está ahí: Los Espíritus que han realizado su unión con Dios trabajan incansablemente por el bien de las humanidades. Por lo tanto, como ves, hay distintas maneras de leer la Biblia. Por desgracia, no siempre son los cristianos quienes la leen de la manera más deseable. Como habrás adivinado, lo que te he dicho a propósito de Jesús y de Juan Bautista también es cierto para las divinidades de todas las otras grandes religiones, tanto si han desaparecido como si siguen teniendo fieles. El Thot de los egipcios, el que dio toda su nobleza, toda su profundidad a la ciencia sagrada de los iniciados de la Antigüedad, es a su vez la reencarnación de uno de los mayores inspiradores de la Atlántida. Sus vidas en la Tierra fueron numerosas, y puedes creerme si te digo que volverá a vestir un manto de carne para abrir los ojos de los hombres. Fue el Hermes de los griegos, cómplice íntimo de Orfeo. Él es quien ha dejado a toda la humanidad una enorme suma de saber: la Tabla de Esmeralda, que durante un tiempo fue utilizada por la entidad que había tomado el cuerpo de Moisés. Moisés fue el gran guía del pueblo hebreo, pero nunca dejó de ser un sacerdote egipcio. En cierto modo, hizo las veces de relevo. Hizo que la llama de la luz pasara de un pueblo a otro. Que todos los seres humanos estudien la Cábala; si no se dejan encerrar en el marco de la religión judía, encontrarán en ella grandes verdades que les mostrarán a Dios en sus más diversas manifestaciones en la Tierra y más allá de los mundos visibles e invisibles. Piensa también en Krishna con todo tu ser. Hace milenios, vino a anunciar y en cierto modo prefigurar al mundo asiático el advenimiento del Cristo-Jesús. Algunos ven a la misma entidad en las personas de Jesús y de Krishna. No lo creas, pues los Espíritus que animaron sus cuerpos son diferentes; son diferentes pero hermanos en sus aspiraciones. Krishna es un Dios azul, un Dios de Amor. El Cristo-Jesús era el buen pastor en busca de la oveja perdida. Krishna fue el pastor, que llamaba a su rebaño al son de la flauta para que acudiera a él. Igual que Jesús, para nacer eligió un lugar humilde: una choza de pastor. Como Jesús, nació de una virgen: Devaki. Y como Jesús que recorrió Palestina, partió hacia las orillas del Ganges para sacudir a los hombres en su sopor, para hacer caer los velos de la ilusión terrestre Maya. Mira cerca de esas maravillosas flores rosas con sus corolas abiertas, a la derecha de aquel gran árbol de allí; en ese bajorrelieve, Krishna parece hacer bailar a toda la naturaleza. ¿Y ves aquí a Buda en su encarnación de Siddharta Gautama? Mira el gesto que hace con los dos dedos de su mano alzada. ¿No te recuerda a nadie? —¿Al Cristo? —Al propio Cristo-Jesús, o más bien, como acostumbran a decir los cristianos, a Cristo Enseñando. Pero lo que los cristianos no saben es que el índice y el corazón levantados en un gesto lleno de paz no solo indican la enseñanza. El Cristo-Jesús y Buda Gautama hacen el signo del esoterismo, es decir, de una Palabra en un segundo nivel. Un dedo simboliza el lado de la doctrina conocido por todos, y el otro, su lado oculto. Podrás encontrar por todo el mundo divinidades y profetas representados en cuadros, en bajorrelieves, haciendo ese gesto cuyo significado profundo pocos conocen. Maquinalmente, me demoro menos ante las estatuas de origen oriental. Y sin embargo son de una belleza innegable. Sin decir palabra, mi amigo me mira pasar de largo ante representaciones de las divinidades hindúes, chinas, indonesias. —¿Por qué haces eso? —¿El qué? ¿He hecho algo que esté prohibido en este lugar? —No, aquí nada está prohibido, al menos nada que esté motivado por un pensamiento puro. El mero hecho de tener un pensamiento negativo, de tener una mala intención, bastaría para hacerte bajar hasta el reino de los muertos, y después hasta tu cuerpo físico. Por lo tanto, la pureza de intenciones es necesaria para la proyección del cuerpo mental al plano astral.Simplemente quería que me dijeras por qué no te detienes ante estas obras maestras del arte oriental. ¿Pero acaso lo sabes tú? —Ha sido maquinalmente, pero me gusta mucho este arte. —Sí, ahí es donde quería llegar; era maquinalmente. Uno se detiene menos en lo que uno conoce, o al menos en lo que se cree tiene la impresión de conocer. No hablo por ti ni para el ser que ha asociado sus búsquedas a las tuyas. Verte pasar tan deprisa ante estas estatuas me hace pensar en el fenómeno de “orientalismo” que ha invadido Occidente durante estos últimos años. El europeo medio está acostumbrado a la imagen de Buda, de Krishna y de otras divinidades de Asia; actualmente, ya casi no les presta atención. La verdad es que en la mayoría de los casos, solo les ha dedicado interés por esnobismo intelectual, por deseo de seguir una moda. Las entidades rectoras del mundo astral están al corriente de muchas cosas, incluso de ciertas cosas de la vida diaria terrestre. Como siguen con inquietud el desarrollo de esta moda, no les asombra ver efigies de Buda haciendo las veces de pie de lámpara. Cada ser tendría que posar cada día una mirada nueva sobre cuanto le rodea, eso evitaría muchos errores y sobre todo el aburrimiento que todo lo devalúa… Ya te he dicho que podrás regresar a este lugar tantas veces como quieras, pero ahora vas a tener que volver al mundo de los mortales. Tu psiquismo podría resentirse de una estancia prolongada aquí, pero antes, una cosa más. Sígueme y escúchame bien: ¿Ves esa enorme estatua que parece de madera, de rasgos ligeramente negroides? Se trata de una divinidad de la que se habla muy poco, en cierto modo olvidada. Manitú.Eso podría suscitar sonrisas, y no dejará de hacerlo cuando cuentes este detalle a los seres humanos. Hace demasiado tiempo que se considera a los indios de América del Norte seres subdesarrollados, empantanados en supersticiones. sin embargo, su Manitú supremo tiene el mismo valor que el gran Ra de los egipcios. No se trata de una casualidad. La raza roja de los indios de América desciende de ciertos grupos de supervivientes del diluvio final que destruyó la Atlántida y buena parte de las civilizaciones del planeta. Pero ya sabes que el antiguo Egipto era heredero directo de los atlantes. Manitú es el Ra egipcio, el sol Incalis de los atlantes, el Dios único y todopoderoso que los misioneros blancos han querido imponer en tierras de América. ¿No merece la pena que el hombre se haga algunas preguntas, que aprenda a asomar la nariz fuera de la pequeña crisálida que su pequeña cultura, su pequeña civilización han tejido pacientemente? “¡Si eso es precisamente lo que hacemos, estamos en el Siglo XX!”, replicarán tus semejantes, escandalizados al leer estas líneas. ¡Eso es un error! No se hace nada. La mentalidad humana ha evolucionado muy poco. Ahora es imperativo que dé un paso de gigante. Personas del Siglo XX, solo estáis en los primeros tiempos. Hace apenas un siglo, negabais firmemente que el hombre pudiera volar algún día. Hoy que sabéis volar, afirmáis que no existe velocidad superior a la luz. Pues la superaréis, y aprenderéis que efectivamente existe un Dios supremo y único, pese a vuestro empeño por excluirlo de vuestras preocupaciones y vuestras demostraciones. —Maestro —le digo—, antes de dejarte, me gustaría hacerte otra pregunta, pues hay un problema que no consigo resolver. Al recorrer este museo extraordinario, me has enseñado los múltiples rostros de Dios y de los embajadores que ha enviado a cada rincón del mundo a lo largo de milenios. Sin embargo, aquí no veo por ningún lado a las divinidades de la antigüedad greco-latina. ¿Cómo se explica eso? —¡No te extrañes! Aparte de Hermes, Apolo y algunos más, los Dioses de la Antigüedad grecolatina son falsos Dioses. Ya te hablaré de ellos más extensamente. Por ahora, te basta con saber que no han nacido de la imaginación popular, como cabría pretender. Fueron seres de carne y hueso. No han nacido en la Tierra que habitas tú, pero no por ello son mensajeros del Amor Divino. En la Tierra cometieron numerosas exacciones y dieron lecciones de perversidad a pueblos enteros. Basta con leer la mitología griega y romana para comprender que no podían ser embajadores de la Palabra. Sin embargo te aseguro que la mitología que los hace revivir es digna de interés. Con objeto de sacar provecho de los actos amorales de esos seres, Orfeo, “el que enseña la luz”, gran reformador y unificador de la religión griega, ha deformado su historia por aquí y por allá, dándole con ello un significado esotérico rico en enseñanzas. Esa es la razón por la que hay que tomar en consideración los relatos que dan vida a los Argonautas, al Vellocino de oro, a Heracles, o al propio Orfeo. Habría que acometer un día un ensayo comparativo serio sobre los relatos inspirados por Orfeo y los de otros pueblos del mundo. Pero ahora tienes que marcharte. ¡Vete y escribe! Volveremos a vernos. Con una gran sonrisa, mi amigo ha posado la mano sobre mi hombro, y todo se difumina…

 

Espero que lo hallais disfrutado, …yo estoy en ello …me encanta …Ahhh y habla del Ram en todo un capitulo.

Disponible en mi pagina web www,correodelram.com o a traves de mi mail

 

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